La noche
Bueno, hablas y hablas, no paras; yo perdiéndome en tu boca, deseando con el alma un beso fugaz tuyo, luego con mi mirada fluorescente me trasladé a un buen sitio, fue ahí donde no pude hacer nada, fue ahí donde me perdí y no tenía miedo a nada, me sentía en la gran gloria, una muy distinta a las que había escuchado, una con sabor café claro y rasgada, eran tus ojos amor mío, de ahí no pude escaparme más y no intentaría hacerlo.